Dice Espido Freire en Melocotones helados que la vida no es, como nos han enseñado, una página escrita que nos aguarda. Cada día, a cada momento, escogemos lo que somos, lo que sentimos y lo que creemos.
Eso dice la escritora. Pero la vida me ha demostrado que son demasiadas las cosas ocurridas en ella para hablar de casualidades. Creo en el destino. A mi manera. Me niego a pensar que somos “muñecos” movidos por un “algo”. Me niego a saber que aguardamos a una página que alguien ha escrito por nosotros. No creo en eso. Defiendo otro tipo de destino. El que te ha hecho conocer a una gente y no a otra, el que te ha hecho acabar en un sitio y no en otro, pero siempre siendo libre, sabiendo que nuestras palabras y hechos son elecciones, libres, que nos han llevado a donde teníamos que llegar, pero sin ser conscientes de ello.

Jaime Alonso dicho:
on Agosto 27, 2008 at 9:30 am
Podría escribir una parrafada sin sentido que mareara la perdiz, pero no… Daré mi opinión basándome en la experiencia propia.
Yo nunca creí en ningún tipo de destino, creí que todo iba sobre la marcha, que nada tenía que ver unas cosas con otras, pero poco a poco fui cambiando de opinión…
Como bien dices, demasiadas casualidades… que hacen que empieces a verlo todo de otra manera, y quizá, empieces a pensar en algo llamado destino, aunque eso sigue siendo para mi, algo muy genérico.
Hay al menos dos maneras de ver esa cadena de hechos y consecuencias que te llevan hasta una cierta situación. Desde el punto de partida hasta hoy, analizando la progresión, y justamente al revés, tomando el presente como punto de partida y viajando por el tiempo hacia atrás, deshaciendo lazos hasta llegar a aquel hecho que hace de extremo.
Yo simplemente creo con seguridad, sin dudas ni variedad de teorías, que si algo está pasando en el presente, y es bueno, beneficioso o nos encontramos a gusto con ello, lo disfrutemos al máximo, como si de un regalo se tratase, sin pararnos demasiado a pensar si ha sucedido por uno u otro motivo.
Aunque nunca está de más cerrar los ojos, y dejarnos llevar… Por una bonita historia, que gracias a ciertas elecciones a lo largo y ancho de nuestras vidas, han ido desembocando en “casualidades no tan casuales” que nos han llevado a algo increíble, pero muy cierto, en el presente.
Un beso. Por seis años de “casualidades”.