Archivar paraSeptiembre 10, 2008

Sobre el lenguaje…

Las palabras nunca son inocentes y menos aún en el mundo del periodismo. Decía Nietzsche que podemos hablar ingenuamente pero nunca escribir  con inocencia. En la práctica social y política el discurso no es inocente, ni el lenguaje o el saber inofensivos. Cierto es. El lenguaje es poder. Las palabras ordenan. Pueden hacer mucho daño o hacer mucho bien. Incluso el diario ABC hace referencia al poder de la palabra en su eslogan. Los medios de comunicación muestran este poder a través de las palabras. La imagen y el lenguaje son sus armas.

 

Por tanto, la utilización del lenguaje es muy importante. Un periodista tiene la obligación de ser claro (aunque esté muy limitado en espacio y tiempo) puesto que se dirige a un público concreto. Últimamente, el mensaje periodístico se ha contagiado mucho de la jerga y lenguaje político, el llamado lenguaje administrativo. Los políticos hablan para seducir y la seducción lleva a engaño, disfraza la realidad. El periodista tiene que tener muy claro esto y no entrar a saco en su lenguaje. Hay que buscar un nivel de calidad alto. Tiene que utilizar las palabras como un instrumento para contar un hecho. Escribir claro es el primer mandamiento del periodista y para ello necesita tener las ideas claras.

 

Gracias al lenguaje, los medios ejercen una gran influencia. Los tabúes de antaño quedaron atrás y ahora, son otros los que existen. Puede decirse también que reina el eufemismo. Se utilizan determinadas palabras para evitar otras que no son adecuadas en cierto contexto. Se tiende a decir “tercera edad” o “mayores” en lugar de “vejez” o “conflicto bélico” en lugar de guerra. Estamos ante un lenguaje políticamente correcto. Es raro que se utilicen los términos tal como son. Esto crea una especie de colchón que protege a la sociedad de unas realidades con las que tiene que chocar tarde o temprano.