Examinarse, ¿para qué?

Y en esta época de exámenes (a la que, por fin, pongo fin el martes) quiero reflexionar precisamente de eso, de los exámenes.

Examen: dícese del tipo de evaluación que suele realizarse sobre papel o en ordenador y cuyo objetivo es medir los conocimientos, habilidades, aptitudes u otros aspectos (como, por ejemplo, las opiniones) del examinando, que a menudo es un estudiante.

Yo, sinceramente, si descubriera a quien los inventó, lo mataría. Además, con todos mis respetos a los profesores que lo eligen como método de evaluación (entre ellos, Dani) me parece que no sirven de mucho. Realmente, no considero que demuestre haber aprendido algo porque lo vomite sobre un papel. Lo aprenderé, sí, pero a los dos días mi cabeza formateará como un ordenador y apenas recordaré algo. Y si hablamos de chuletas, apaga y vámonos, porque es entonces cuando sí que no habrás aprendido nada de nada. Seamos sinceros, el periodismo es práctica pura. Puedo sacar un sobresaliente en cualquier asignatura, pero si el día que me “suelten” a la calle a cubrir cualquier hecho o cualquier rueda de prensa, demuestro que no sirvo para la profesión, ya no hay sobresaliente que valga. ¿Para qué lo quiero, entonces? Creo, sinceramente (y con todos mis respetos) que mucha materia en nuestra carrera sobra. Y que mucha de esa materia que vale, no debería ser puesta a prueba en un exámen. Que se dejen de mil teorías sobre mil autores, por favor, y que nos bajen más a los estudios de radio y televisión, a manejar programas informáticos que realmente utilizan las empresas y los medios del mundo real (porque nosotros parece que nos quedamos en la prehistoria), que nos den clases de idiomas…No sé, en fin…La verdad es que yo ya llego tarde y que, después de cinco años, podría decir miles y miles de cosas sobre este tema.  Y fíjaos, he empezado reflexionando sobre la, a mi parecer, inutilidad de los exámenes (además del sufrimiento que suponen), y acabo hablando de la facultad en general…Por algo será.

4 comentarios »

  1. Isabel dicho:

    pues efectivamente, ¿para qué? muchos exámenes deberían no existir y muchos examinadores deberían ellos mismos ser puestos a prueba. Algunas materias van irremediablemente unidas al método del examen a la hora de evaluar, pero a mi se me viene a la cabeza que, ya que nuestra generación -que alguien llamó en su día Generación Nintendo- está más acostumbrada a tratar con mensajes audiovisuales e interactivos, quizá lo que no está pasado de moda sean los exámenes, sino la forma de estudiarlos… ¿para qué los apuntes? ¿para qué los libros? teniendo ordenadores, pantallas planas y láser de todo tipo… quizá seria más fácil estudiar algo más interactivo y dejarse de tanto papel… puede que sea el principio del fin de los malditos exámenes. Eso sí, cuando uno deja atrás su vida de estudiante, ya no nos parecen tan malos… hay castigos peores.

  2. Paqui dicho:

    Periodismo en la Complutense sólo sirve para adquirir cultura genera. Priman la teoría que se repite cada año, una y otra vez, con un nombre de asignatura distinto. Y la “mejor” forma de medir los conocimientos , es como no, con exámenes. Haría falta un cambio drástico, para poder equipararnos con otras universidades europeas…

  3. Lucía Sicre dicho:

    Sobre el tema de la falta de implantación del lenguaje audiovisual en las aulas hay un texto muy interesante que pasó en clase uno de los poquitos profesores que merecen la pena en la facultad: Gonzalo Abril. Se llama “Diseminación del saber y nuevos modos de ver/leer”, de J. Martín Barbero y G. Rey, y viene a criticar precisamente la ausencia de las nuevas tecnologías de la imagen en la enseñanza. Los autores dicen (y yo estoy de acuerdo) que nos encontramos en un nuevo contexto en el que se han transformado los “modos de leer”, ya que las nuevas tecnologías han dado lugar a nuevas formas de comunicación. Sin embargo, la lectura y la escritura siguen entendiéndose como la única forma legítima de adquirir conocimiento, olvidando la cultura oral y audiovisual. Lo mal es que se desperdician recursos (y de eso saben mucho, o muy poco, en nuestra facultad), ya que se tiran a la basura otras nuevas y variadísimas formas de lectura.
    Todo esto desemboca en la idea de que nos encontremos en un punto de inflexión: un momento en el que hace falta una “segunda alfabetización”. No solo hay que saber leer textos, sino también aprender a leer imágenes, películas, videojuegos, videoclips… Por desgracia todavía a ninguno nos han enseñado a hacerlo en la escuelita, aunque nos las hemos apañado para aprender (mejor o peor) por nuestra cuenta y buscar en soledad las claves para su entendimiento. ¿El porqué? Supongo que no nos ha sido dificil darnos cuenta de que existen lenguajes más simples y a la vez más completos en cuanto a la información que permiten transmitir. Cosa que otros todavía no ven, o no quieren ver.
    En fin, al final como siempre me enrollo más de la cuenta, pero lo que quería denunciar, supongo que como todos, es que todas las nuevas posibilidades de comunicación, esas que permiten muchos más matices que la simple lectura y que harían de la enseñanza algo mucho más fácil, útil y menos abstracto, siguen brillando por su ausencia en nuestra facultad. Y eso que somos de “ciencias de la información”… Supongo que, como para la mayoría de los cambios relevantes, hará falta esperar a que la palmen unos cuantos y entre sangre nueva. Supongo que todas las generaciones se creen las más listas (al fin y al cabo, somos humanos y vanidosos), o simplemente les cuesta asumir cambios porque es más cómodo quedarse como están. Como, a pesar de los pesares, creo que nuestra generación se las ha sabido apañar, yo me contento con que en el futuro la gente no tenga que buscarse las habichuelas por su cuenta para aprender una profesión, como nos ha ocurrido a nosotros. Un saludo.

  4. Javi dicho:

    Los exámenes terminan por convertirse en un suplicio justo cuando empiezas a sentir que muchos de nuestros profesores no tienen ni idea de lo que pasa en las redacciones o los platós en los que estás trabajando -o en su defecto haciendo prácticas. Cuando llega la recta final de la licenciatura la carrera es un tormento. Un simple salvoconducto para poder competir con otros en igualdad de condiciones sobre un currículum vitae. Sólo eso.

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