Soñadores

…no me pidáis que me baje de las nubes, pues las personas como yo necesitamos darnos paseos por allí arriba de vez en cuando. Que, de hecho, es de donde cojemos el aire para seguir respirando abajo…

A todos los que temen…

Aún tengo los mismos miedos que hace 23 años, solo que proporcionales a mi aumento de tamaño y a mi aumento de dureza…

Nunca dejamos de implorar protección porque sabemos que somos frágiles. Ayer era “máma, no apagues la luz”…..y ¿hoy?

Hoy le ruego a la vida que no me ciegue nunca, ni me calle,ni tapone mis oídos…que todos mis sentidos estén más vivos que nunca…

Que me muestre la realidad siempre cómo es…aunque duela…y pueda soportarlo…

Que si tiene que haber algún fantasma dentro de mi armario, por lo menos me permita verlo…para saber enfrentarme a él…

Que me mantenga cuerda el máximo tiempo posible. Que la locura sólo esté presente en las risas y en los días felices….

Que nunca me apague la luz…y que la soledad no sea mi compañera por siempre…

Respeto para todos, por favor

En mis labores de becaria, hoy me ha tocado acudir a una conovocatoria de prensa. De las miles que hay para poder sacar fotos y realizar entrevistas. No voy a decir nombres y tampoco voy a hacer alusión a ningún lugar porque lo importante en toda esta historia es la situación. La chica de prensa ha sido clara “nada de preguntas personales, por favor”. De acuerdo. Hago una primera entrevista, y espero mi turno pacientemente para la siguiente, pues mi entrevistado está ocupado atendiendo a un medio televisivo. Se muestra encantado, sonriente. De repente, la sonrisa desaparece y se muestra serio. Es entonces cuando se aleja y de su boca se escucha “no voy a conceder más entrevistas”. Dicho y hecho. Increíble, pero cierto. Y es que la pregunta personal tan prohibida ha caído y con ella, el enfado. Entiendo su postura. Si yo estuviera en su lugar, tampoco me habría resultado agradable (no voy a decir qué ha sido ni con qué está relacionado). La periodista, avergonzada, intenta justificarse, pero no vale de nada. Y allí nos quedamos todos, pasmados. ¿Es que no han sido lo suficientemente claros? ¿Por qué entonces ignoras lo que te han dicho tan claro al principio? Y sí, como he dicho antes, entiendo la postura de este entrevistado. Pero yo no he hecho ninguna pregunta personal. Así que, al igual que piden respeto con su vida privada, yo pido respeto para el resto de periodistas. No estamos allí porque nos sobre todo el tiempo del mundo. Tu tiempo por el mío. Veda al medio que te ha molestado, recrimina a esa periodista en concreto. Y a los demás, permítenos hacer nuestro trabajo al igual que tú estás haciendo el tuyo.

Al menos, no es el único por quien he acudido hasta allí (había gente que sí. Y eso, no es plato de buen gusto). Me consuelo sabiendo que será por teléfono…y  que el trabajo de preparar una entrevista toda una tarde, no habrá sido en valde. Imagino que esta es la sufrida vida del periodista, ¿no?

Sobre la televisión

Sobre la televisión es uno de los muchos textos que he leído a lo largo de la carrera (de los que, a veces, poco se aprende, todo sea dicho). Firmado por Pierre Bourdieu, me recuerda a Ignacio Ramonet  y su Tiranía de la comunicación  y es que, ambos hablan de la información como una mercancía, de su sometimiento a la empresa. Parece que los medios quieren satisfacer y entretener, sin más, dejando reducida la función educativa y crítica que, se supone, deben cumplir. De cierta manera, hay una obsesión por la competencia. Si gusta lo que ofrecen, se hacen formatos parecidos. Se copian unos a otros. De este modo, la televisión que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en creador de realidad. Se usan diferentes nombres para espacios iguales, fotocopias con un mismo nombre. Hablamos de mimetismo informativo y de información unificada. Entonces, ¿dónde queda la capacidad crítica y analítica de los espectadores, lectores y consumidores? Los medios y en especial la televisión, quedan sometidos a la audiencia. Razón no le falta. No hay más que pulsa el botoncito rojo del mando a distancia para comprobarlo…

La loca de la casa

 Decía Santa Teresa de Jesús que “la imaginación es la loca de la casa“. Y fruto de esa locura encontramos las obras literarias. Rosa Montero utiliza la suya propia para dar vida a una obra que define con estas palabras:

“…Digamos que es una obra sobre la imaginación, sobre la creación, sobre la pasión amorosa, sobre la locura, sobre esa capacidad de fantasía que forma parte sustanial de las personas. Es un paseo por el interior de la imaginación que está hecho en parte con una apariencia de ensayo, en parte como una autobiografía y en gran parte como una obra de ficción….”

 

Como se puede ver, mi intención no es hacer ninguna crítica especial. Solo pretendo recomendar un libro, sin más. Debe ser que mi particular loca anda de paseo…

El talento de la mentira

Siempre han existido historias que han impactado a la opinión pública. Escándalos comentados, criticados y expuestos para que todo el mundo se haga eco de ellos.  El mundo del periodismo ha sido protagonista y testigo de algunos, hasta el punto de estar reflejados en la pequeña pantalla y ser convertidos en película. Así ocurre con El precio de la verdad, basada en hechos reales y protagonizada por Hayden Christensen, en el papel de Stephen Glass, un personaje de grandes tintes psicológicos que consigue interpretar de forma correcta y sin excederse. Es una película sencilla, que destaca  sin llegar a ser brillante, pero que da una auténtica lección de moral. Sobria y fiel a unos hechos. Todo ello con un elenco de actores que no despuntan por grandes actuaciones (en parte también porque no se ahonda demasiado en los personajes), pero que saben sacar el jugo y reflejar el ambiente de una situación tensa que puso en evidencia a un medio. Glass era  un joven periodista, talentoso e innovador, cuya profesión compatibilizaba con sus estudios de derecho. Redactor de The New Republic- prestigiosa revista política y de actualidad norteamericana que presumía, incluso, de ir a bordo del mismísimo Air Force One-, sus artículos le dieron fama y respeto por parte de sus compañeros y demás revistas en las que trabajaba como colaborador. El precio que pagó por sus peculiares reportajes fue muy caro y el único que merecía: el despido. En 1998 escribe, entre otros, El paraíso del Hacker, aportando numerosos datos que son una magnifica historia al principio, pero de dudosa credibilidad después. Un periodista de un medio digital le hizo caer en su propia trampa. Todo era falso. En total, 27 artículos de 41 eran inventados. De tan real, la historia es indignante. Un periodista que rompió todos los límites de la ética y que, siendo consciente de lo que hacía, lo negó todo hasta el último momento. Gozaba de una extraordinaria imaginación que es, a la vez, digna de admiración y rechazo. Aunque, en este caso, más bien de lo segundo. ¿De qué le sirvieron años de estudio si al final hizo y escribió lo que le dio la gana? Estaba presionado familiarmente y estudiaba una segunda carrera pero su fin no justificaba los medios. Sé que sería ingenuo pensar que todos los que nos dedicamos al periodismo contamos al 100% cómo ocurren los hechos. Siempre hay que pulirlos y editarlos. En ocasiones (espero que en las menos posibles) también se pueden manipular. Pero inventarlos es partir de cero desde la nada. Si su alma era de novelista, lo mejor que podría haber hecho era  escribir libros. Fue un talento desperdiciado en pro de un falso reconocimiento. Se rindió ante la fama olvidando la profesionalidad. Se “burló” de todos aquellos que lo leían y confiaban en su buen hacer.  Lo infame es que no fue, ni es y ni será el único que lo haga,  porque su caso no es aislado.  Una auténtica vergüenza. 

  

 

 

 

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